Violencia de género o genericidio

Las mujeres van a faltar por millones

“Mientras preparaba este artículo, pregunté a un amigo judío si era apropiado usar el término “holocausto” para describir la violencia contra las mujeres en todo el mundo. Mi amigo se sorprendió, pero cuando le leí las cifras de un informe de 2004 publicado por el Centro de Ginebra para el Control Democrático de las Fuerzas Armadas, dijo que sí, sin dudarlo.

Una estimación de las Naciones Unidas dice que entre 113 y 200 millones de mujeres en todo el mundo están demográficamente “desaparecidas”. Cada año, entre 1,5 y 3 millones de mujeres y niñas pierden sus vidas como resultado de la violencia de género o la desatención.

¿Cómo es posible esto? Expondré algunos factores:

En países donde el nacimiento de un niño es considerado un regalo y el nacimiento de una niña una maldición de los dioses, el aborto selectivo y el infanticidio acaban con los bebés hembras.
Las chicas jóvenes mueren desproporcionadamente por desatención porque la comida y la atención médica llega primero a sus hermanos, padres, maridos e hijos.

En países donde las mujeres son consideradas propiedad de los hombres, sus padres y hermanos pueden asesinarlas por escoger sus propias parejas. Es lo que se llama muertes “de honor”, aunque el honor no tenga nada que ver con esto.

Las jóvenes novias son asesinadas si sus padres no pagan lo suficiente a los hombres que van a desposarlas. Es lo que se llama muertes “de dote”, aunque no sean muertes justas, sino asesinatos.

El brutal comercio internacional de chicas jóvenes mata un número incontable de ellas. La violencia doméstica es la mayor causa de muerte de mujeres en cada país. Se invierte tan poco en la salud de la mujer que cada año 600.000 de ellas mueren dando a luz. 6.000 niñas sufren mutilación genital cada día, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud. Muchas de ellas mueren; otras viven el resto de sus vidas incapacitadas por el dolor. De acuerdo con la WHO, una mujer de cada cinco en todo el mundo será víctima de violación o intento de violación durante su vida.

Lo que está sucediendo con las mujeres y niñas en muchos lugares del mundo es genocidio. Como todas las víctimas, ellas gritan su sufrimiento. Pero no es que el mundo no las escuche; es que prefiere no prestarles atención. Es mucho más cómodo para nosotros ignorar estos asuntos. Y con “nosotros” quiero decir también las mujeres. Muy a menudo, somos las primeras en apartar la vista. Incluso puede que seamos partícipes al favorecer a nuestros hijos y descuidar el cuidado de nuestras hijas. Todas estas cifras son estimaciones; registrar el número exacto de actos de violencia contra las mujeres no es una prioridad en muchos países.

Para salir adelante, existen tres retos:

Las mujeres no están organizadas ni unidas. Aquellas de nosotras en los países ricos que han alcanzado la igualdad ante la ley necesitamos movilizarnos para ayudar a nuestras compañeras. Solo nuestra indignación y nuestra presión política pueden llevar a un cambio.

Los islamistas están empeñados en reavivar y expandir un brutal y retrógrado conjunto de leyes. Donde quiera que los islamistas impongan la shariah o ley islámica, las mujeres son apartadas de la vida pública, se les niega la educación y se les fuerza a una vida de esclavitud doméstica.

Los relativistas culturales y morales cuestionan nuestro sentido de la indignación moral proclamando que los derechos humanos son una invención occidental. Los hombres que abusan de las mujeres exigen su derecho a guiarse por otros valores alternativos -una aproximación “asiática,” “africana” o “islámica” a los derechos humanos.

Tenemos que combatir esto. Una cultura que secciona los genitales de las niñas, encadena sus mentes y justifica su opresión física no es igual que una cultura que considera que las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres.

Hay tres pasos iniciales que los líderes del mundo podrían tomar para comenzar la erradicación del asesinato en masa de las mujeres:

Un tribunal como la corte de justicia de La Haya debería preocuparse por los 113 a 200 millones de mujeres y niñas desaparecidas.

Un serio esfuerzo internacional debe hacerse urgentemente para contabilizar con precisión la violencia contra niñas y mujeres, país a país.

Necesitamos una campaña mundial para la reforma de las culturas que permiten estos crímenes. Comencemos por decir sus nombres y avergonzarlas.

En los dos siglos pasados, los occidentales han ido cambiando gradualmente el modo de tratar a las mujeres. Como resultado, Occidente disfruta de una mayor paz y progreso. Mi esperanza es que el Tercer Mundo se embarque en este esfuerzo. Así como pusimos fin a la esclavitud, debemos acabar con el genericidio.”

Ayaan Hirsi Ali

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